BLOG TIME
Soy tatuadora fine line en La Lola Ink, mi estudio en Curridabat, San José, Costa Rica. En este blog comparto lo que aprendo sesión a sesión — sobre el cuerpo, el dolor, el diseño y todo lo que pasa antes, durante y después de tatuarte.

¿Duele hacerse un tatuaje? Lo que nadie te dice (y yo sí te cuento)
¿Duele hacerse un tatuaje? Lo que nadie te dice (y yo sí te cuento)
Es la pregunta que más me hacen antes de cada sesión en La Lola Ink, mi estudio de tatuajes en Curridabat, San José, Costa Rica: ¿duele?
La respuesta honesta es sí, algo vas a sentir. Pero lo que pocas personas te dicen es que el dolor es solo una parte de la ecuación, y que la parte más importante sos vos.
El dolor no es universal
He tatuado cientos de personas aquí en San José y lo que más me ha enseñado este oficio es que los nervios son completamente distintos en cada cuerpo. Hay zonas que sí tienden a ser más intensas — costillas, codos, rodillas — pero incluso eso no es una regla fija.
Una vez llegó una persona a mi estudio en Curridabat con una pieza bastante grande en las costillas, un cover con mucho detalle. Yo esperaba que iba a ser una sesión larga y difícil. Puse el stencil, empecé a trabajar... y a los minutos me di cuenta de que había silencio. Lo volteo a ver y se había quedado dormido. Así, tatuándole las costillas, durmió toda la sesión.
Por eso nunca predispongo a mis clientes. Contarles de antemano ``esto va a doler muchísimo`` solo activa la mente de una manera que no ayuda.
La respiración como herramienta real
Hay algo que aprendí y que aplico en mis sesiones de fine line tattoo en Costa Rica cuando alguien está pasándola difícil: la respiración consciente.
En una sesión reciente, la persona ya estaba al límite. Habíamos hecho pausas, ya había aplicado anestesia, pero el tatuaje era grande y el cuerpo ya acusaba el cansancio. Entonces paré un momento y empezamos a respirar juntas. Yo seguía tatuando y le iba marcando el ritmo: inhala, pausa, exhala. Lo que logró eso fue sacar su cabeza de la sensación física y ponerla en una tarea concreta — llevar este ritmo, seguir esta respiración.
Cambió completamente su energía. Y creo que eso es algo que se puede aplicar a muchas cosas en la vida, no solo al tatuaje.
Mi filosofía con la anestesia
En La Lola Ink no soy partidaria de anestesiar desde el inicio. Las cremas tópicas, aunque funcionan para muchas personas, tienen un efecto vasoconstrictor que endurece la piel y cambia la manera en que la tinta entra. En el trabajo de línea fina — que es mi especialidad — eso sí se nota.
Entonces mi proceso es acompañarte. Voy leyendo tu cuerpo, preguntando, tomando pausas cuando lo necesitás. Y si llegamos a un punto donde sencillamente ya no podés más, aplico una anestesia que formulé específicamente para mi estudio. Eso te ayuda a terminar la sesión en vez de que el efecto se acabe a mitad del tatuaje y el dolor llegue de golpe.
Vení con confianza
Si estás pensando en tu primer tatuaje — o en ese proyecto que has pospuesto porque te da miedo el dolor — te cuento que en mi estudio en Torre Nest, Curridabat, San José, vas a estar acompañada en todo momento. Escribinos a hola@lalolaink.com y conversamos.
El tatuaje no es solo una imagen sobre la piel. Es una experiencia, y yo estoy ahí para que sea buena.

El tatuaje como ritual: lo que pasa dentro de una sesión que nadie ve
El tatuaje como ritual: lo que pasa dentro de una sesión que nadie ve
Estoy convencida de que los tatuajes son una manifestación de amor. Y ese amor se construye en un ritual que me toca dirigir — para ayudarle a la persona a llegar al punto donde lo que concebimos juntas termina siendo algo que las dos celebramos.
La sesión que no esperaba
Hace algunos años me invitaron a tatuar al artista guatemalteco Benvenuto en el Museo Nacional de Costa Rica, como parte de un performance. Llegué pensando que sería algo íntimo, con poca gente. Era completamente diferente: periodistas, público, cámaras.
Solo sabía que tenía que tatuar un vientre — algo que nunca había hecho antes.
Benvenuto habló sobre los pueblos indígenas de Guatemala, cuyos nombres fueron borrados durante la conquista. Los españoles no podían pronunciarlos, entonces los reemplazaron con apellidos europeos. Eran matriarcados: los nombres que desaparecieron eran los de las madres, los de las mujeres.
Él quería tatuarse el nombre de su mamá, escrito en su dialecto, debajo del ombligo. El lugar donde estuvo conectado a ella. La primera verdad, la que le dio la vida.
Cuando entendí eso, con todo el museo mirando, me temblaba la mano. El vientre es una zona técnicamente difícil — sin hueso que sirva de apoyo, con cada respiración moviéndose bajo la aguja. Pero lo saqué. Al final él me abrazó y me agradeció con los ojos llenos.
Solo cuando terminó todo me fui a leer cada hoja del performance. Ahí entendí completamente lo que había pasado. Me puse a llorar. Fue un honor que no me había dado cuenta a tiempo — y creo que fue mejor así.
Lo que ocurre dentro de una sesión
El tatuaje es un proceso profundamente psicológico. Es desahogo, cierre, celebración. Y la persona que está en mi mesa casi siempre necesita hablar.
No soy psicóloga. No doy terapia. Pero sí he construido un espacio — en cada sesión — donde la energía fluye, donde la persona puede apropiarse de lo que está viviendo y compartir lo que necesite compartir. Porque lo que estamos canalizando va a quedar marcado en su cuerpo para siempre.
A veces termino llorando yo también. Hay historias que cargan mucho dolor, mucho sufrimiento — y cuando al final de la sesión veo el alivio en la cara de alguien, eso me conmueve profundamente.
Lo que pasa después
Tatuar cansa de una manera que es difícil de explicar. No es cansancio físico solamente. Es absorber la energía de cada persona, acompañar su historia, mantener la objetividad aunque me identifique con lo que me están contando.
Después de cada sesión intensa, necesito un momento de silencio para procesar. Cerrar los ojos, bajar la información, recordar que esa historia le pertenece a quien la vivió.
Pero también creo que ese es el mayor privilegio de este trabajo: conocer la vida de otras personas, aprender de sus maneras de manejar las cosas. Tener solo un canal propio — y que otros te abran los suyos. Si estás en Costa Rica y querés vivir una sesión de tatuaje fine line en un espacio seguro y consciente, mi estudio La Lola Ink está en Curridabat, San José. Escribime a hola@lalolaink.com y conversamos.